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6 de octubre de 20264 min de lectura

El arte de ser comunidad: La madurez adulta y el cuidado del organismo escolar

Una escuela Waldorf no es una empresa de servicios, sino un organismo vivo. Construir comunidad exige corresponsabilidad, comunicación sana y la voluntad de educar a través de nuestro propio ejemplo como adultos.

El arte de ser comunidad: La madurez adulta y el cuidado del organismo escolar

El arte de ser comunidad: La madurez adulta y el cuidado del organismo escolar

Al elegir la pedagogía Waldorf, las familias dan un paso valiente: deciden alejarse de la visión tradicional de la educación como una mera transacción o un servicio al "cliente". Ingresar a nuestro colegio significa integrarse a algo mucho más profundo: un organismo vivo.

Valentín Wember, en La gestión de la escuela. Una guía para las escuelas Waldorf, toma de Rudolf Steiner la imagen del cuerpo humano como modelo de cooperación: los órganos no compiten ni trabajan a costa de los otros, y cada uno "sabe" de los demás. Wember aplica esta imagen al trabajo de quienes forman el colegio. En Trekan queremos extender esa mirada también a las familias: maestros, familias y administración como partes de un mismo organismo que se nutren mutuamente. Para que ese organismo respire y florezca se requiere una corresponsabilidad basada en la confianza y, sobre todo, en la madurez adulta.

La pedagogía del ejemplo: Los adultos que nos educamos

Existe una ley capital en nuestra pedagogía: el niño se educa con adultos que se educan a sí mismos. Steiner lo expresó así: lo que podemos lograr en los niños proviene de nuestra propia educación.

Si esto es así, el modo en que nos tratamos entre adultos forma parte de la pedagogía. Cuando un niño ve que sus padres y sus maestros se tratan con aprecio, dialogan de frente y colaboran, aprende de ese ejemplo lo que ninguna lección puede enseñarle. La comunidad adulta es parte del ambiente en que el niño crece, y por eso cuidarla es un acto pedagógico.

El valor del feedback: Cómo comunicarnos para construir

En cualquier comunidad humana surgirán diferencias, dudas y desencuentros. El conflicto en sí mismo no es el problema, sino cómo elegimos abordarlo.

Wember dedica dos capítulos al feedback (entre colegas, y con las familias), y de sus ideas tomamos tres orientaciones que valen para ambos lados, familias y colegio:

  1. ✦Buscar primero entender, y luego ser entendido. Wember recoge este principio de Stephen Covey y muestra que quien no quiere escuchar deja de percibir lo que ocurre con los niños. Para las familias, esto significa acercarse preguntando por el fundamento de una decisión antes de cuestionarla. Para el colegio, significa escuchar con calma la preocupación que hay detrás de cada inquietud. En ambos casos, el entendimiento mutuo viene antes que la defensa.
  2. ✦El ámbito adecuado. Una inquietud compleja se resuelve mejor hablando en primera persona ("yo lo he visto así"), sin prisa y en un espacio apropiado, y no en conversaciones de pasillo o en grupos de mensajería. Para que esto sea posible, el colegio ofrece canales claros: entrevistas individuales y presenciales con el maestro de clase, reuniones de apoderados, y los espacios de diálogo con el equipo de Coordinación.
  3. ✦El aprecio manifiesto. Siempre que sea posible, una crítica debería expresarse desde un aprecio real por el trabajo del otro. Quien se siente reconocido suele abrirse a escuchar. Pero esto vale en ambas direcciones: las familias también necesitan sentirse escuchadas y valoradas.

Ser comunidad es un acto de voluntad

Rechazar el modelo "cliente-proveedor" significa comprender que el colegio no es un ente externo que "nos debe" algo, sino un fuego que mantenemos encendido entre todos.

La corresponsabilidad no significa que los padres asuman roles pedagógicos ni que los maestros dicten la vida familiar. Significa que ambos, desde sus tareas propias, asumen el compromiso maduro de cuidar la relación que los une. El respeto mutuo es la base de todo lo anterior: familias y colegio nos debemos un trato digno, también (y especialmente) cuando estamos en desacuerdo. Cuando logramos esto, los maestros pueden hacer su trabajo con alegría, las familias se sienten parte de un hogar extendido, y los niños pueden dedicarse a crecer.

El viaje continúa

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